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La descarbonización del transporte marítimo sigue sin ser una realidad

El sector del transporte marítimo es responsable de un 3 % de los gases de efecto invernadero. Por este motivo, son varias las voces que se levantan para limitar su impacto. Aunque hay energías poco contaminantes, su uso sigue siendo marginal. En el artículo se explica la realidad del transporte de mercancías por mar en este aspecto.

 

Los retos de reducción de emisiones en el transporte marítimo

El principal problema del transporte marítimo estriba en que el diésel se sigue utilizando masivamente. Esta fuente de energía produce altas cantidades de gases de efecto invernadero. De hecho, y si no se pone freno, en 2050 el transporte por mar acumulará el 14 % de estas sustancias tóxicas para la capa de ozono.

 

transporte marítimo

 

Ahora bien, existen algunas alternativas que, si se introducen, pueden limitar e incluso reducir ese impacto. El objetivo es que, en 2050, estas emisiones se reduzcan a cero o al mínimo posible. Se trata de avanzar hacia la transición energética y el proyecto es fomentar energías alternativas como la eléctrica o el hidrógeno. Un caso paradigmático es el de la recientemente creada Alianza para la Descarbonización del Transporte. Algunas grandes empresas e instituciones territoriales se han puesto de acuerdo para avanzar con una agenda propia.

 

La Unión Europea publicó una directiva en 2014 con el objetivo de facilitar las condiciones de desarrollo del gas natural como combustible preferente. Lo que ha sucedido, hasta la fecha, es que son muy pocos los barcos que han asumido esta motorización y, además, la construcción de infraestructuras es muy costosa.

 

Gas natural como alternativa secundaria

El gas natural licuado (GNL) es una alternativa de uso bonificada por determinados Estados pero tiene un problema, y es su alto coste para el retorno que tiene en la reducción de emisiones contaminantes. De hecho, se calcula que estas tan solo se reducirían en un 6 % en 2050, por una inversión total que asciende a 22.000 millones de dólares. Aunque se ha promovido la construcción de infraestructuras en puertos, lo cierto es que su uso es testimonial.

Regulación de emisiones

Una de las propuestas alternativas sería una regulación de emisiones más estricta, lo que permitiría en la práctica introducir un incentivo para que las empresas navieras realicen la transición energética. Hay que decir que en los países del Báltico ya se ha implementado esta normativa más exigente con resultados positivos.

 

La idea es que se pase de un contenido de azufre en masa del 3,5 %, que es lo que acepta la legislación española, a un 0,1 %. De esta forma, se calcula que las emisiones se podrían reducir hasta un 50 %.

 

Conclusión

El transporte marítimo está llamado a ganar cuota de mercado. Por lo tanto, se hace más importante que nunca afrontar el reto de la transición energética con garantías. Es previsible que en el futuro cambie la política de bonificaciones fiscales al mismo tiempo que se endurecen las exigencias. Solo de esta forma se podrá lograr el objetivo a largo plazo de emisiones cero.

 

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